Así comenzó todo

Así comenzó todo

Recientemente me preguntaron: ¿Qué querías ser cuando era niña? Y en verdad que no pude responder a esta pregunta. Pero no es porque no lo recuerde o porque nunca pensé en algo sino porque deseaba no ser sino hacer muchas cosas más nunca fuí capaz de definir una sola y hasta la fecha no puedo.

Me ví como maestra en una escuela, como veterinaria cuidando perro (ahora sé que los veterinarios no hacen eso) y como algunas otras cosas.Nada me emocionaba más allá de un juego de niños en fin de semana hasta que mi papá me contó una historia muy breve que más o menos decía así:

Un señor muy pobre andaba pidiendo dinero por las calles de la ciudad para comprar algo que comer. Una persona le obsequió dos naranjas, el hombre rápidamente peló una comenzó a comerla y mientras lo hacía tuvo una idea: -Si en lugar de comerme la segunda naranja mejor la vendo y así compro otras dos naranjas y las vuelvo a vender y luego compro otras cuatro….

Creo que entiendes hacia donde va la historia.

No recuerdo cual fue la razón de que mi papá me la contara pero esa idea de revender para comprar más y seguir revendiendo en verdad hizo sentido en mi cabeza. No recuerdo si yo tenía siete u ocho años pero era muy chiquita. El punto es que me pareció una idea lógica y viable y es la que me ha llevado a realizar todos los  negocios de mi vida, algunos con más éxito que otros por supuesto.

Mi primer negocio fue un puesto de dulces y limones en la puerta de la casa de mis abuelos en Irapuato. Los dulces los obtenía de lo que recogía en as piñatas de la fiesta de mi primo Ever y lo que me salía en los bolos que daban. Luego los multiplicaba jugando Lotería y Pirinola que ahora que lo pienso me atenía mucho a mi suerte aunque nunca apostaba todo ¡Jajaja…! Y los limones los recogía de uno de los árboles del patio de mi Abuelita, los lavaba muy bien y los ponía en bolsas. El negocio se suponía que era de mi hermana, de mis primas y mío pero al final yo era la que más tiempo pasaba ahí y claro que me tocaba la mayor parte en la repartición de utilidades.

Al siguiente año saltamos a las ligas mayores y pusimos una venta en la cochera con ropa, revistas, libros, peluches y cuanta cosa nos donaran mis tías. Claro que todo era de segunda mano pero se vendía muy bien. Las ganancias eran bastante jugosas para una niña de diez años. Pero la verdad es que no solo disfrutaba recibir el dinero al final del día sino que me encantaba desde que nos daban la mercancía y la acomodábamos para que se viera atractiva. Según yo, teníamos toda una tienda de moda bien surtida con artículos fabulosos.

Fuí creciendo y empecé a vender dulces en la primaría aunque ese no fue tan buen negocio porque literalmente me los comía y lo único que gané fueron kilos.

Ya en la preparatoria se me presentó una nueva oportunidad de negocios con la gente floja. ¡Sí! Te juro que son un super buen mercado. Les hacía las tareas. Todo salió porque un compañero de otro grupo me dijo que cuanto le cobraba por dejarle copiar mi tarea ya que era la misma porque compartíamos maestro. Como mi trabajo estaba bien hecho y él obtuvo una buena calificación empezó a ser cliente frecuente y hasta me recomendó con sus amigos holgazanes. Cabe aclarar que en ese tiempo las tareas se hacían a mano y si eras muy nice en máquina de escribir eléctrica. Ya algunos teníamos computadora pero era muy caro imprimir y la Encarta 98 no tenía tanta información. Así que en verdad era trabajo porque tenía que ir a la biblioteca porque también el internet no era algo que pudiera usar todo el día ya que se conectaba por medio del teléfono y no podía tenerlo ocupado toda la tarde.

En la facultad la volví a aplicar aunque no tan seguido porque no me quedaba tanto tiempo libre.  Un día se me ocurrió llevar mazapanes, paletas de la Rosa y paletas de sandía en una lonchera morada de Winnie Pooh que no recuerdo por qué me la compró mi mamá si yo ya tenía veinte años pero bueno, no importa. el chiste es que estaba ahí y la usé. Me fue excelente porque esta vez no me comí la mercancía, así que seguí comprando más dulces hasta que terminé vendiendo churritos, papas doradas y hasta hielitos de vainilla y jamaica. Mi puesto estaba situado en una de las jardineras de la escuela y los intendentes muy amablemente me la ponían bonita todos los días, hasta cortaban los árboles de manera que me cubrieran del sol para que no se derritieran los chocolates. Eran un amor los señores.

El negocio tenía tanta demanda que hasta tenía ayuda en las horas en que yo tenía clase, algunas amigas y mi novio se turnaban para atenderlo en sus horas muertas. Me hice amiga de maestros y coordinadores de la carrera y los edificios deportivos que hasta me invitaban a vender dentro del inmueble cuando había algún evento.

Posteriormente vendí joyería que yo misma fabricaba con oro, plata, piedras naturales y cristal Swarovski. Mi tía me ayudaba a entrar en la escuela en donde ella trabajaba para venderles a las maestras, así pasé más de dos años, hasta me fui a una exposición a Irapuato en la que me fue muy bien.

Ya no pude continuar con la joyería porque se me dió la oportunidad de estudiar mi segunda carrera, Diseño Gráfico  y es a lo que me dedico ahora.

Haciendo toda esta retrospectiva, me doy cuenta que he sido muy afortunada en siempre tener una idea vendedora para salir adelante. Lo que te cuento aquí son solo los negocios más significativos que he tenido pero todos y cada uno me han enseñado algo diferente, ya sea que es lo correcto o lo incorrecto y que a veces no se trata de que la idea de negocio no sea buena sino que las condiciones no son óptimas en determinado momento.

Anímate a tener ideas, a regarla, a ganar, a confundirte un buen rato y hasta. a llorar. Al menos para mí ha sido muy satisfactorio el resultado aunque a veces no parecía fuera a ser de este modo.

Aún me falta mucho camino por recorrer en el cual espero que si estás en la misma situación, nos hagamos compañía y el rato más ameno.

Te deseo éxito en todo lo bueno que hagas

¡Hasta pronto!

 

 

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