Todos hemos tenido, sido o escuchado acerca de clientes medio locos o locos y medio. Te cuento acerca de una de las mías y cómo se resolvió todo.

Un día, una excelente cliente que lleva conmigo prácticamente desde que inicié mi negocio, me pidió que elaborara para ella un cuaderno. Como siempre, fue muy específica en sus requerimientos, esto normalmente facilita el trabajo ya que así le puedo dar exactamente lo que ella busca y en caso de que no sea de su total agrado ya no es responsabilidad mía. Bueno, en este caso en particular el producto si le agrado en su totalidad y aunque está mal que yo lo diga, a mi también me gustó mucho.

Como ya es costumbre, tomé una foto de la mercancía entregada y la subí a mis redes sociales. Afortunadamente los pedidos no se hicieron esperar y empecé a recibir uno cuantos al poco tiempo de haber subido la publicación. Entre las personas interesadas estaba una suscriptora nueva a la cual llamaremos Mayra. Al igual que la mayoría, ella también hizo preguntas sobre el precio, los modelos disponibles, las formas de pago, entre otras. Lo curiosos de algunos clientes y que me parece bastante agradable, es que comienzan a compartir conmigo fotos de sus negocios y lo que ofrecen en ellos. O sea, en pocas palabras, nos ponemos a echar chisme un ratito. Me gusta porque siento que produce una sensación de cercanía para las personas. Mayra también hizo lo mismo sólo que además de contarme su vida laboral y familiar, hizo promesas de compras futuras de tamaños inconmensurables. Fue ahí donde no me cuadró tanto la cosa pero no pasaba nada, no era la primera que lo hacía, nada más que ahora ya no me emociona como antes. Ya aprendí.

Por estas fechas aún permitía que los compradores abonaran la mitad del total a pagar y la otra mitad la liquidaban al pasar por su mercancía. Les daba de plazo tres días hábiles a partir de su fecha de depósito para hacerlo o de lo contrario perderían su anticipo. Estos fueron los términos y condiciones que le manejé a Mayra y todos los demás. Se los escribí dentro de nuestras conversaciones por chat y adjunté una nota de voz par que no quedara lugar a dudas.

Mayra quedó “formalmente” en realizar el pago de anticipo a la mañana siguiente lo cual no sucedió sino hasta dentro dos semanas. Como quiera que sea, aún había tiempo para elaborar su pedido y hacer la entrega. Decía que ella es una mujer muy responsable y precavida y no le gusta andar con prisas. Claro que del dicho al hecho hay mucho trecho. Ya que el cuaderno era para su nena que estaba por entrar a la escuela y como yo no entrego los fines de semana, ella tendría que haber pasado a recoger a más tardar el día jueves que se cumplían sus tres días pero no pasó, es más, ni siquiera se comunicó para avisar que no iría. Dí de plazo hasta el viernes, tenía toda la intención de mostrarme amable y comprensiva en caso de haber sucedido algo importante por lo cual no haya podido siquiera enviar un texto.

Llegó el sábado y después el domingo y de Mayra ni sus luces. Así que decidí mandarle mensaje comentándole acerca del estatus de su anticipo. Tal vez tu pienses que inmediatamente me respondió pero estás mal. La señora me hizo esperar un día más. Dije, -Bueno, si a ella no le urge pues ni modo, yo cumplí con mi parte. Pero cual va siendo mi sorpresa que cuando me contesta empieza a reclamarme hasta con groserías. Esperé a que se desahogara para escribir ahora yo pero decidí mejor llamarle por teléfono para poder tranquilizarla y hablar como se debe. Pues ¿qué crees? Así es, no me contestó ¡Jajajaja!

Corrió la tarde entera y llegó la noche. Ya estaba poniéndome la pijama de Hello Kitty a eso de las 11:00 p.m.  para acostarme a dormir cuando me entró una llamada. ¡Obvio! Se trataba de Mayra y estaba hecha una furia. Mal pude decir “Bueno” cuando ella me dijo: – ¡Cállate y déjame hablar!

Honestamente me molesté demasiado por lo grosera que se estaba portando pero de cualquier manera guardé silenció y la dejé hablar, pensé que no duraría mucho pero cual va siendo mi sorpresa que traía una pila increíble que le dió para insultarme, darme lecciones de marketing, hablarme de Dios y de lo cansada que estaba de hacer panes. Me quedé estupefacta de la cantidad de palabras que podía mencionar por segundo y sin trabarse. ¡Qué gran cantidad de vocabulario!

Al final terminé tan harta de escuchar su chillona voz y sólo le dije: – Tienes razón Mayra. Pasa cuando gustes por tu cuaderno. Te lo regalo y que tengas un linda noche. ¿Hay algo más en lo que te pueda servir? Acto seguido sólo dió las gracias y colgamos. Creo que ella esperaba que hubiera pelea porque se le escuchó un poco sorprendida de mi respuesta.

Al día siguiente pasó a la hora que se le dió la gana. Mi papi me habló para decirme que había alguien que quería hablar conmigo. Era ella. Al abrir la puerta, me sacó mucho de onda el ver que mi papá y ella tenían una plática muy agradable, como si se conocieran. Pues resulta que si se conocían. Ella fue quien reconoció a mi papá porque él y algunos de sus hermanos han sido clientes de la panadería de la familia de Mayra durante más de 20 años y ella ha trabajado ahí desde siempre. Creo que si yo hubiera sido ella, no habría dicho nada. Mi papá no sabía quien era hasta que ella hizo el comentario. ¡Jajajaja!

Me quedé mirando la escena, Mayra era otra totalmente. Me saludó de beso y abrazo. Yo estaba demasiado seria y a decir verdad molesta y esperaba que lo notara. Juró regresar por montón de mercancía y hasta me hizo cumplidos sobre mi trabajo. Pagó la libreta y se fue sonriendo.

Afortunadamente nunca regresó. Y creo que mi papá tampoco ha vuelto a ir a esa panadería. Ni modo… La rosa de piña era buenaza.

Cuando inicié mi negocio, este tipo de personas me daban mucho miedo porque son quienes dejan malos comentarios en las publicaciones pero ahora ya no es así.Hoy en día sé que hay clientes de muchos tipos y que es necesario aprender de todos. Además sirven estas experiencias para tener algo que platicar y saber a ciencia cierta que estamos dispuestos a tolerar y qué no. Así es como vamos creando el perfil del cliente perfecto que queremos tener. Definitivamente Mayra no encaja en el perfil.